DIME QUE COMES Y TE DIRÉ QUE TIENES!!!

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Compartir con ustedes un poco de experiencia y esperanza. Y sobre todo, esperanza para estos tiempos que vivimos de mucha incertidumbre y alto riesgo en lo quer ingerimos. Porque la confianza que tenemos los ciudadanos en las instituciones queda a declive. 
A medida que el progreso de los pueblos se establece, la industrialización de los alimentos esa confianza de antaño no es acogida. Me gustaría imaginar lo que era vivir en un momento donde la gente confiaba en su Gobierno. Es lamentable que ya no sea así y que ahora la gente esté desencantada con los Gobierno de turno. Existe una frustración creciente con las políticas gubernamentales y ya nadie es crédulo como para fiarse de que el Gobierno salvaguardará la salud o el bienestar de la población. En aquellos tiempos cuando los ciudadanos confiaban en los gobernantes, el porcentaje de niños con enfermedades crónicas era menor de 5 %. ¿Sabe qué porcentaje es ahora? Más del 35 % de nuestros hijos y nietos tienen hoy enfermedades crónicas. Y eso es una falta politizada que necesita solución inmediata.
Las mayores tasas de obesidad, diabetes y enfermedades crónicas de las estadisticas del mundo muestran su indice. Incluso, gastamos más dinero per cápita en atención médica y salud pública. Nuestros líderes políticos se han entregado al poder de los conglomerados de comida rápida, el negocio del licor, las empresas de agroquímicos, las corporaciones de seguros y la industria farmacéutica. El resultado es doloroso: estamos nadando en una sopa tóxica de 10 mil químicos industriales no regulados y comemos una dieta de comida ultraprocesada que es promovida por una incesante aparición de anuncios y publicidad.

Y no solo es nuestra salud física la que sufre; también la salud mental y emocional. Estados Unidos representa tan solo el 5 % de la población mundial, pero consume más de la mitad de los fármacos antidepresivos. Igualmente en Panamá, muchas personas sufren angustias y ansiedades, y las tasas de suicidio se han disparado en los últimos 20 años a todo lo largo de la demografía nacional.
¿Qué tiene esto que ver con los alimentos que comemos? Pensamos que mucho más de lo que la gente cree. Cuanto peor sea nuestra comida, más sufren nuestros cuerpos y mentes del estrés inducido por la mala nutrición. El panameño en promedio consume casi dos toneladas de azúcar durante su vida. Es una cantidad de 2 millones de Skittles, una marca de dulces masticables de fruta cubierta con una capa rígida de azúcar. Sabemos que comer demasiados productos azucarados eleva dramáticamente el riesgo de enfermedades de corazón, cáncer, diabetes, demencia y obesidad. Irónicamente, a principios del año, un camión que transportaba un cargamento de Skittles tuvo un accidente en una carretera en Wisconsin y los Skittles, que no tenían ningún recubrimiento ni estaban envueltos en nada, se esparcieron por todas partes y terminaron utilizándose para dar de comer a las vacas. ¡Qué locura, dando Skittles a las vacas! Pero esto es otro ejemplo de las estupideces que se hacen para alimentar a los animales de donde proviene nuestra carne, huevos y lácteos.
Entre más mala y carente de nutrientes sea nuestra alimentación, más enfermos y tristes estaremos. Más del 65 % de los panameños adultos tienen sobrepeso u obesidad. Y la pregunta es, ¿qué está haciendo los Gobiernos? Los Ministerio de Salud que anima a comer más frutas y verduras, pero al mismo tiempo existen otros ministerios que gastan millones de dólares alentando la importación de alimentos procesados.

¿Qué sentido tiene que un ministerio promueva alimentos saludables mientras otros desincentivan su cultivo a través de políticas absurdas de regulación de precios? ¿Qué sentido tiene fomentar el consumo de alimentos naturales sin que exista una política de fomento a la producción? Si la idea es gastar el dinero público, ¿por qué no hacerlo consistente con la salud pública y subsidiar mejor alimentos que son buenos para todos?
Es preocupante que más del 65 % de las calorías en la dieta panameña provienen de alimentos refinados y ultraprocesados. Pero peor aún es que el Gobierno invierte el 15 % del PIB en ‘salud pública', cuando en realidad lo está malgastando en ‘control de enfermedades'. Queda allí la inquietud para que reflexionemos y vean que es así o no

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