Una bomba en sus intestinos

........., un tipo de complemento alimenticio esencial para limpiar a fondo el intestino, cuyo desequilibrio es el origen de innumerables molestias y enfermedades (estreñimiento crónico, hinchazón, diarreas, inflamaciones diversas, eczema, humor inestable o enfermedades más graves, como colopatía funcional, diarrea sangrante o cáncer de colon).

Una bomba en sus intestinos

El equivocado estilo de vida de varias generaciones ha culminado en una terrible intoxicación de nuestro organismo. Los tres factores principales que han provocado esta situación son:

  1. El estrés y la falta de ejercicio físico.

  2. El aumento de contaminantes, empezando por los metales pesados presentes en el aire, en el agua y en los alimentos que consumimos.

  3. Una alimentación que nuestros intestinos no toleran bien y que conlleva la inflamación del tubo digestivo y la porosidad intestinal, fuente de innumerables males.

Pero el cuerpo no se queda de brazos cruzados. Al contrario, ¡no deja de enviarnos señales de que se encuentra en peligro! Diarrea, estreñimiento, dolores abdominales, hinchazón, flatulencias, mal aliento, dolor de cabeza, insomnio y cambios de humor son, entre otras alertas, su manera de gritarnos ¡SOCORRO!

Así lo había entendido ya el médico griego Hipócrates hace 2.500 años, y los últimos estudios en nutrición no hacen sino confirmarlo una y otra vez: sólo podremos gozar de buena salud si nuestro aparato digestivo funciona correctamente.

“Con toda seguridad”, decía Hipócrates, “el origen de las enfermedades no se debe buscar más allá de las ventosidades y gases intestinales, tanto por exceso como por defecto, o cuando penetran en el cuerpo en gran cantidad o cargados de olor pestilente”.




Quédese con la última frase, pues es importantísima. Cuando Hipócrates dice “los gases penetran en el cuerpo” quiere decir que el intestino no es una barrera impermeable. Todo lo contrario. Cuando se produce una fermentación insalubre de la comida, una gran cantidad de toxinas penetra en la sangre y después en el resto del organismo, donde pueden llegar a acumularse y provocar importantes daños.

Una prueba clara de este desorden es que una mala digestión, que conlleva malos olores en el intestino, suele provocar mal aliento. Y eso ocurre simplemente porque los gases de mal olor pasan a la sangre y van a parar después a los pulmones.

El problema está en que estos gases también se encuentran en otras partes del organismo, donde llegan a acumularse (por ejemplo en las articulaciones). Es decir, que no se eliminan a través del aliento en su totalidad, ni mucho menos.

Las heces normales prácticamente no huelen

Por ello es importante señalar que unas heces normales prácticamente no huelen. Los gases y las heces con mal olor indican un desajuste.

Para restablecer el equilibrio, elimine de su dieta los alimentos que no tolera. Para ello quizá sea necesario contar con la ayuda de un nutricionista para que haga un diagnóstico, pero debe saber que las intolerancias alimentarias más habituales están relacionadas con los cereales refinados -sobre todo el trigo rico en gluten- y con los lácteos. Debe eliminarlos de su alimentación durante tres o cuatro semanas y observar qué ocurre.

Al mismo tiempo, será indispensable cuidar su higiene vital realizando más ejercicio físico suave (el esfuerzo físico duro agrava la inflamación), respirando mejor (coherencia cardiaca) y tomándose su tiempo para comer y masticar.

Para restaurar la calidad de la mucosa intestinal debe elegir alimentos antiinflamatorios (frutos secos y pescado rico en omega-3, verduras cocidas, ensaladas, especias dulces…) e infusiones (cálamo, ortiga, milenrama…).

La flora intestinal: un regalo -o una condena- desde el nacimiento

Mientras usted se encontraba en el vientre de su madre, su tubo digestivo era estéril. Sin embargo, a las 72 horas de nacer ya contenía mil billones de bacterias y levaduras procedentes, en el caso de los niños nacidos por parto natural, de la flora vaginal de la madre. 

La flora vaginal depende en gran medida de la flora intestinal, así que las madres con una buena flora intestinal se la transmiten a sus hijos al nacer. Si por el contrario poseen cepas de bacterias y levaduras patógenas (causa de enfermedades), los bebés también las tendrán.

En el caso de los niños nacidos por cesárea, la microflora procede del entorno, es decir, del hospital. Si no se corrige a tiempo, la flora intestinal de origen hospitalario puede tener consecuencias dolorosas para toda la vida.

Posteriormente, la flora intestinal evolucionará según la alimentación, las enfermedades y, por supuesto, se verá afectada por los medicamentos que se tomen (sobre todo antibióticos).

Los alimentos ricos en fibra son buenos para la flora intestinal, así como los alimentos lactofermentados (chucrut, pepinillos, aceitunas…).

En cualquier caso, pueden darse situaciones en las que sea necesario aportar a nuestra flora algunos ingredientes que sirvan para ayudarla a recuperar, en poco tiempo, un equilibrio duradero.

La calidad se paga

Como norma general, la calidad, o lo que se percibe como tal, es cara.

Esta norma se aplica más o menos en todos los sectores, ya sea el inmobiliario, el automovilístico, el textil, el alimenticio y en la mayoría de las cosas que se pueden comprar.

El riesgo de las cápsulas y comprimidos de probióticos

Con los probióticos, que se forman a partir de microorganismos vivos, es aún peor.

En 2010 un estudio demostró que la mayor parte de los probióticos que se venden en el mercado no contienen el número suficiente de bacterias vivas como para producir algún efecto.

¿Nos debemos sorprender?

La mayoría de probióticos se venden hoy en día en forma de cápsulas o de comprimidos.

En los comprimidos hay un número extremadamente bajo de bacterias vivas, ya que la presión necesaria para formar el comprimido hace que la temperatura suba por encima de los 50 ºC y mate a una gran parte de ellas. Por tanto, es casi imposible que existan comprimidos de probióticos que ofrezcan buenos resultados.

Algunos fabricantes fingen haber encontrado la solución vendiendo comprimidos de probióticos que de antemano se han protegido con microencapsulación. El problema está en que este tratamiento incrementa de manera desmesurada el volumen de los probióticos. Para ingerir la cantidad necesaria (mil millones como mínimo) tendríamos que tomar cien comprimidos al día.

La falta de estos dos minerales le está haciendo engordar

La falta de magnesio y de zinc y su oscura relación con el sobrepeso son dos de las sorpresas (muy fáciles de solucionar) que encontrará en él.

Por qué la carencia de magnesio (que usted es muy probable que tenga) hace engordar

El magnesio es un factor indispensable en todas las etapas metabólicas para facilitar, desde la glucosa o desde los ácidos grasos libres, la producción de la molécula energética por excelencia, es decir, el ATP (adenosín trifosfato).



La falta de magnesio, provocada en gran parte por un tipo de alimentación en el que tienen poca presencia las legumbres, los cereales integrales y las verduras y demasiada los productos industriales refinados y los productos animales, ricos en calorías pero pobres en magnesio (y en otros minerales y vitaminas), incide de tres formas distintas en el sobrepeso que además, combinadas, resultan explosivas.

Esto significa que la sola carencia de magnesio es un factor de sobrepeso (y de dificultad para perder kilos aunque se intente adelgazar), mientras que corregir este déficit le pone automáticamente en pista para conseguirlo con más facilidad.

¿Está boicoteando la falta de zinc sus intentos de adelgazar?

Los estudios constatan sistemáticamente que la mayoría de la población no recibe los aportes recomendados de 15 mg al día a través de la alimentación.

Ello hace que a pesar de los aportes proteicos y calóricos que se obtienen a través de la alimentación (incluso aunque éstos sean excesivos), se carezca de una herramienta esencial en el funcionamiento del organismo. Y esto tiene relación con la baja tolerancia a la glucosa y la deficiente producción de insulina, entre otras muchas consecuencias.

Todo ello afecta de forma directa al exceso de peso, a la dificultad para adelgazar, a la pérdida de masa muscular y a la sensación de fatiga y cansancio que acompañan los intentos de perder peso, entre otros.

¿Conclusión? Si quiere perder peso, asegúrese de que corrige mediante un simple complemento alimenticio la carencia de zinc. Descúbralo en la página 50.
Puede que adelgazar sea para usted un objetivo estético, pero sobre todo se trata de una obligación pensando en su Salud.

¡A su salud!



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